La experiencia de escribir: entre la vida y la muerte

Una mujer desnuda

se mira en el espejo

y piensa

que el tiempo se ha agotado

con cada parto

que ha tenido

con cada herida

que ha sufrido

con cada beso y abrazo

que ha vivido.

Yadira Pérez

Este texto es un fragmento editado para publicación del testimonio compartido por la escritora Yadira Pérez* en el encuentro por motivo del primer aniversario de Café Subjetivo. 

Mi experiencia con la escritura comenzó desde niña. Yo era muy tímida, extremadamente tímida, todavía lo soy pero tienen que ver a la del pasado para darse una idea. Todo me daba temor y mi escape era la escritura. A los 15 años ya estaba determinada y decidida a ser escritora. Una vez escuché a un poeta que decía que la escritura no salva a nadie, pero yo creo que sí. Por timidez no le contesté nada, además por respeto. Para mí la escritura ha sido una tabla de salvación en muchísimas ocasiones. 

El lugar de la escritura

Mi adolescencia fue terrible. Pasaban cosas en mi casa, viví situaciones, que a través de la escritura fui capaz de sobrellevar. Tuve instintos suicidas hasta casi los 30, sin embargo fue la escritura la que me ayudó a salir de todos esos conflictos. En este momento estoy buscando otras formas o maneras de literarias. Estoy tratando de reencontrarme conmigo misma y con mis ancestros a través de la escritura. Un poco tiene que ver con la memoria, las raíces.

Uno llega a cierta edad en la que empieza a pensar en la muerte, ya no desde el suicidio, sino como algo inevitable. ¿Y después que te mueres qué? Allí hay un poco de egocentrismo.  Yo no quiero que me olviden, quiero que me recuerden. Pensando en que mi mamá y mis abuelos murieron y esta nueva generación no los conoció y probablemente tampoco me conozcan a mí. 

Empecé a escribir desde esa perspectiva. Estoy escribiendo un libro sobre el árbol genealógico, mío y de mis hijos, sobre quienes eran mis ancestros, de mí y de como soy. 

Otra cosa que pienso es que la única que escribe en mi familia soy yo, así que nadie más se los va a contar. Ese tema me preocupa. Aunque sea una cuestión de egocentrismo. 

No dejo de trabajar en otros temas. Venezuela mi país, me preocupa. Yo escucho a mis hijos decir que no les interesa, que no quieren regresar allí. A mí no deja de preocuparme, la siento, la sufro y sigo escribiendo en torno a lo que ocurre en Venezuela también. 

Lo que hace escribir: la vida y la muerte 

El tema de la muerte siempre ha estado presente en mis textos. Cuando era niña de una forma, de adolescente de otra manera. En la edad adulta tomó otro matiz. 

El amor me parece que es importante. He sido una enamorada siempre, no solo de los hombres si no de la vida, de mis hijos. El amor también me ha ayudado mucho a enfrentar las vicisitudes por las que he transitado.  

Hubo un tiempo en que la cotidianidad me abrumó. Tuve que renunciar a muchas cosas y abocarme a la cotidianidad de ser mamá y ama de casa. Eso también formó parte de mi escritura. 

No sé qué ha pasado conmigo, pero uno se va transformando con el tiempo. Aunque dicen que uno no cambia empieza a ver las cosas de diferentes maneras. 

El tiempo también es otro tema. Desde niña he pensado que el tiempo pasa y tengo que hacer cosas. Una de las grandes preguntas que me hacía era: ¿esto es todo? uno nace, crece, muere ¿y ya?, ¿y qué pasa con ese tiempo?

La escritura: experiencia de transformación

Hay textos que no han sido publicados. Durante una época fui muy rebelde, quería cuestionar todo. Hay textos que viéndolos en retrospectiva, son abrumadores. Maldecía, blasfemaba, confrontaba a Dios. Nunca he tenido una religión, me he hecho una propia filosofía de vida, era una especie de hereje. Ahora veo la vida desde otra óptica, me he suavizado.  

Comparo mi escritura y veo que he mejorado el discurso pero he perdido la capacidad de cuestionar ciertas cosas. He cambiado no solo en la manera de ver la vida si no en la manera de escribir. 

Foto de mujer portatil creado por drobotdean – www.freepik.es

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